Juego sucio

20 de noviembre, 2022. Comienza el mundial de fútbol. País anfitrión, Catar. Durante casi un mes, hasta el 18 de diciembre, rodarán los balones por esos imponentes estadios que han sido construidos para la ocasión. Catar (monarquía absoluta) fue oficialmente elegida como sede para la Copa del Mundo en diciembre de 2020. En un país de 2,6 millones de habitantes y 11.500 km² de territorio (País Vasco y Navarra juntos hacen 17.000 km²) os podréis imaginar que iban a hacer falta algunos arreglillos y erigir alguna que otra edificación.

Durante estos dos años la puesta a punto para la celebración del mundial ha sido una lucha contra el reloj, ya que había que levantar siete nuevos estadios y demás proyectos complementarios (un nuevo aeropuerto, decenas de carreteras, hoteles, etc). Cuenta el periódico británico The Guardian que unos 6,500 trabajadores han muerto en las obras desde el comienzo de los preparativos, la mayoría, hombres de países como India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka. 6,500 vidas. Según Amnistía Internacional muchos de estos obreros trabajan en condiciones de semiesclavitud. Muchos de ellos tuvieron que pagar elevadas comisiones a contratistas sin escrúpulos en sus países de origen; cantidades que iban desde 500 a 4.300 dólares estadounidenses. Muchos están endeudados, por lo que no contemplan abandonar sus trabajos una vez en Catar.

Su calidad de vida cuando no están trabajando es pésima también. Viven en condiciones infrahumanas, y apenas se les permite salir de los espacios de trabajo/vivienda; a menudo las instalaciones donde duermen están en el propio espacio de construcción. Por supuesto, no les pagan lo prometido. El salario medio es de 220 dólares estadounidenses al mes . Y si protestan… se les despide y se les cancela el visado. Los empleadores, entretanto, les ‘guardan’ los pasaportes mientras trabajan para ellos. Según fuentes oficiales, el equipo ganador del mundial recibirá la cantidad de 38 millones de euros, el subcampeón ganará 27 millones y el tercer clasificado, 24. Al parecer, simplemente por participar, cada selección nacional cobrará unos 8 millones de euros (32 países en total). Es decir, que dinero hay.

La organización Human Rights Watch denunció los hechos. Según el gobierno catarí, esas muertes se debieron a causas naturales; caídas, aplastamientos, asfixia, temperaturas demasiado altas… Todo muy natural. Pese a estas denuncias, el gobierno de Catar no ha esclarecido los hechos. Mientras tanto, la FIFA mira hacia otra parte y niega las cifras. Si sois aficionad@s al fútbol, sabréis que los mundiales se juegan en junio y julio. Este no. ¿La razón? Las temperaturas extremas en el país durante esos meses. Es decir, deportistas de élite no pueden jugar un partido durante 90 minutos porque puede que les dé un jamacuco, pero miles de trabajadores pueden desempeñar sus labores de sol a sol, y nunca mejor dicho, en condiciones deplorables, y nadie ve la incongruencia y la falta de responsabilidad antes esas 6,500 muertes. Aquí no hay ‘fair play’. Cuando el día 20 suene el pitido inicial en el partido inaugural, nadie guardará un minuto de silencio por estas personas, ni los jugadores llevarán brazaletes negros, pero deberían ser recordadas. Y se debería hacer justicia. Algo así no debería salirle gratis a nadie.

Además de todo esto, es bien sabido que en Catar no hay libertad de expresión, y las voces disidentes son acalladas siempre de alguna manera. Hay periodistas que han prevenido a l@s aficionad@s que acudan a animar a sus selecciones sobre este brutal choque de culturas que podría amargarles la fiesta; cualquier acción por inocente que nos parezca puedes ser constitutivo de delito allí. Por una lado, las mujeres continúan estando discriminadas en la ley y en la práctica. Necesitan de la firma de un tutor varón para llevar a cabo decisiones vitales en sus vidas, incluyendo aquellas que tienen que ver con su salud reproductiva; se las percibe como incapaces. Si acuden a un campo a ver un partido tendrán que asegurarse de cubrir sus hombros y sus rodillas; se recomienda que lleven una pashmina en todo momento. Por otro lado, la represión que sufren las personas del colectivo LGTBI es otro de los puntos calientes. Tras las acusaciones recibidas, y con el ánimo de defender su imagen ante el resto del mundo, quisieron dar una falsa percepción de tolerancia que fue difuminándose según se ha ido acercando la fecha de inicio del campeonato, para finalmente pasar a declarar que “las muestras de afecto entre personas homosexuales en público no están bien vistas; Catar es conservador, y pedimos a los fans que lo respeten. Esto no es algo peculiar, muchos países son conservadores". Catar es un país con una legislación homofóbica, donde la homosexualidad está penada con la cárcel o con castigos mayores para los musulmanes (en teoría existe la pena de muerte por este motivo, pero no se ha denunciado su aplicación).

Xavi Hernández, entrenador del F. C. Barcelona, vivió y trabajó durante seis años en Catar. En su momento dijo que era un país donde él y su familia habían sido felices, y que sin ser una democracia, funcionaba mejor que otros que sí lo eran (alusión a España). “Aquí hay muchas ventajas. La tranquilidad, la seguridad... No tenemos llave de casa, dejas el coche en marcha... “. Es de suponer que la morada de Xavi no se encontraba cerca de las chozas o barracones donde se instalaron los emigrantes de India o Bangladesh… El dinero siempre habla alto y claro, en cualquier lugar.

Podríamos seguir hasta el infinito y más allá… Os dejo un par de enlaces interesantes sobre el tema del blanqueamiento del deporte y las empresas patrocinadoras del mundial y su disposición a compensar a los trabajadores y trabajadoras por los agravios sufridos.

Sport washing: ¿qué es eso del blanqueamiento deportivo?

Qatar2022: Todas las empresas patrocinadoras deben apoyar que se ofrezca reparación a los trabajadores y trabajadoras del mundial de fútbol

Ojalá nunca nadie muriese trabajando. Ojalá las vidas de las personas tengan una significación sólo por el hecho de serlo. Ojalá las leyes fuesen justas y no permitiesen a la codicia despreciar esas vidas. Ojalá seamos capaces de asegurar la implementación de los derechos humanos en todos y cada uno de los rincones de este planeta, y de castigar a quienes no los respeten. Ojalá pudiésemos evitar que el dinero pudiese comprar voluntades y hacer desaparecer las reglas del juego. Ojalá nunca más bailemos sobre tumbas obreras. Ojalá todas las mujeres puedan ser libres. Ojalá nunca tengamos miedo de ir cogidas de la mano o de besarnos en público. Ojalá.

  • Noviembre 7, 2022
Publicado en Opinión

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