14/05/2024

Raza, clase, y latigazos

Escrito por Kami Casi

Fotografía:  Joao Cândido, uno de los líderes de la Revolta da Chibata

 

El último 25 de abril, los vecinos portugueses celebraban, como todos los años, el aniversario de la revolución de los claveles rojos. La historia de liberación de la dictadura militar en el caso lusitano tiene la belleza de incluir a miembros de las fuerzas policiales del estado atreviéndose a cuestionar las jerarquías impuestas por la corporación, eligiendo defender al pueblo antes que a sus líderes.

Pero hoy vengo a hablar de otro episodio, más lejano y menos reconocido, en el que miembros de fuerzas armadas se rebelaron contra sus superiores. Se trata de una revuelta ocurrida en la costa de Rio de Janeiro en 1910, conocida como “Revolta da Chibata”1. La revuelta empezó por un episodio aparentemente menor, considerando las prácticas de habituales de quienes consideran tener el monopolio de la fuerza. Marcelino Rodrigues Menezes, marinero, había intentado entrar en el barco Minas Gerais con bebida alcohólica, que estaba prohibida a los marines en servicio. Al ser descubierto, pasó la noche en el calabozo y al día siguiente toda la tripulación del barco fue convocada para testimoniar el castigo que su compañero recibiría: 250 latigazos (chibatadas). Sería la última vez que un marinero recibiría ese tipo de castigo en la marina.

A inicios del siglo XX, solamente la población negra brasileña era aún víctima de latigazos como castigo institucionalizado. La esclavitud había sido abolida oficialmente en 1888, pero el Estado no hizo nada para reparar a las y los emancipados – por lo contrario, indemnizó a los expropietarios de personas esclavizadas – y la población esclavizada, mayoritariamente negra, se vio empujada a ejercer los trabajos más arduos y menos remunerados. Entre ellos, estaban los puestos más bajos de las fuerzas de guerra, a la que eran muchas veces enviados compulsoriamente. Ciertos requisitos de formación e incluso de comprobación de linaje garantizaban que la población racializada no alcanzase posiciones de liderazgo.

En ese contexto, tras castigar con latigazos y con descuentos en los salarios de todos los marines, un oficial inmediato del navío Bahia encontró el siguiente mensaje en su camerino en junio de 1910:

Acuérdate del escuadrón [ruso] en el Báltico, que despertó nuestro silencio simbólico; para esto también marchamos en silencio; cuando nos interesamos por estos viajes a los países civilizados es porque vemos y observamos los medios más necesarios. ¡Cuidado!... no quieras dejar de ver a tu familia (…) no solo los grandes hacen la grandeza de la patria, nosotros también debemos engrandecerla. Pedimos una vez más que dejes el carrancismo [elitismo], padécete de ti y tus colegas, que nosotros no tenemos nada que perder. Fdo: Mano Negra

Los rusos referidos son los del barco Potemkin, quienes asesinaron a oficiales en 1905. Los marines brasileños tomaron nota de ese episodio, y trataron de evitar sus errores, no permitiendo que ningún oficial ni suboficial participase en su revuelta, que se gestaba poco a poco a partir de conversaciones con otros marines enfadados con sus condiciones de trabajo. La revuelta era de clase, y venía siendo organizada desde hacía años, en constante diálogo con otros compañeros de clase al otro lado del atlántico.

En 22 de noviembre de 1910, la ciudad de Rio de Janeiro amaneció con cañones navales apuntados a los edificios institucionales de la ciudad. Como señal de adhesión a la revuelta, los marines habían izado banderas rojas de los barcos cuyo control habían tomado de manera coordinada. Los marines secuestraron los navíos y sus oficiales, y trataron de negociar mejores condiciones para las clases bajas de las fuerzas navales. Como era de esperar, los representantes del Estado hicieron una serie de promesas que luego no cumplieron, castigando a los líderes de la revuelta, y tratando de borrar su memoria de la historia de las fuerzas navales. Pero al menos un logro de dignidad sigue siendo recordado 110 años más tarde: el fin de los castigos físicos a bordo de los navíos de la marina. Ahora, oficiales de la marina brasileña contestan la inclusión de los participantes de la revuelta en el rol de héroes nacionales, argumentando que la tomada de armas para la reivindicación de derechos no debe servir de ejemplo para la población. Pero, más allá de la tomada de armas, la Revuelta de la Chibata es la memoria de los valores compartidos entre los más subyugados de nuestra sociedad: solidaridad, internacionalismo, y acción directa. Su recuerdo, como bien argumentaba su hijo en respuesta al oficial de la marina, es la de héroes del pueblo, y no de las fuerzas navales.

 


1 He utilizado las transcripciones de la temporada “Cisne negro”, del podcast “História Preta” (https://historiapreta.com.br/podcast-category/cisne-negro/) como fuente para la descripción de hechos. Los episodios del podcast contienen fuentes más detalladas sobre el tema. En español, se puede ver un breve resumen de la revuelta aquí: https://www.elobservador.com.uy/nota/joao-candido-el-marinero-negro-que-sera-honrado-en-el-carnaval-de-rio-2024288530