15/01/2021

De pobreza energética y de energéticas miserables

Escrito por Soni

Si algo nos ha dejado claro la actual pandemia, es la absoluta ineptitud de gobiernos y políticos para afrontarla, y si para algo ha servido, si es que una pandemia puede servir para algo, ha sido para sacarle los colores al capitalismo y sus lacayos.

Mientras ellos corrían, como pollos sin cabeza, de un lado para otro, gastando para nada, y no pequeñas cantidades. Las trabajadoras y trabajadores hacíamos frente a la situación a pecho descubierto, limpiadoras, tenderas, enfermeras, médicas, y sus colegas masculinos, enfrentaron lo que se les vino encima como su buen saber les aconsejó, jugándosela la más de las veces, apoyándose las unas en los otros y viceversa, y dejándose en el camino a no pocas compañeras y compañeros.

A la población, en general, nos toca sufrir, ERTES, ERES, desempleo, precarización, uno de los años con más muertes laborales de los últimos tiempos. Las dificultades para llegar a fin de mes aumentaron para todas y todos, porque, incluso los y las de mejor situadas, tienen que apoyar a familiares, amigos, vecinas…. Porque eso sí que ha funcionado, las redes de solidaridad y apoyo mutuo han surgido por doquier, y donde no ha llegado el estado, hemos estado ciudadanas y ciudadanos.

Si esta es la foto de la mayoría, hay otra, también, que nos quieren ocultar En el año que casi todas y todos perdemos mucho, una minoría, ya forrada hasta las cejas, ha visto acrecentar sus ya de por sí obscenas fortunas, a cifras inimaginables. Durante la pandemia, ni una sola de las mayores fortunas ha menguado, sino todo lo contrario.

Y entre nosotras, más de lo mismo, cerca de 20.000 personas declaran en la CAV fortunas por encima de 800.000 euros. Son el 0,57% de la población. Acumulan casi 40.000 millones, el 57% del PIB.

En Nafarroa, el 1,12% de población declara un patrimonio por encima de los 600.000 euros y acumula 11.500 millones, casi el 57% del PIB.

Y se escandalizan quienes se encuentran en ese selecto grupo, porque pedimos un leve aumento, a 1200€, del Salario Mínimo, porque pedimos pensiones dignas, 1050€ la más baja, o el incremento, siempre insuficiente, de la RGI.

Pero siempre, quienes más se oponen a estas medidas, que buscan un mínimo de equidad social, son, de los que más ingresos tienen.

Y entre ellos, de los que más indignación hacen sentir, son aquellos que tienen sus ingresos, gracias a situaciones de poder que gobiernos y políticos les han concedido, como los que amasan sus fortunas desde el control de las industrias energéticas, Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa, ahora Naturgy Energy Group, S.A., de los más avaros y codiciosos entre los poderosos.

Mientras una ola de frío extremo se extiende por todo el país, y, como no podía ser de otra manera, las tres empresas eléctricas españolas, que juntas acaparan en torno al 90% de la producción eléctrica nacional, han dado muestras de su natural empatía con sus clientes, subiendo el recibo de la luz cuanto han podido y más.
El precio de la luz se ha disparado un 27%, alcanzando los 16,81 céntimos por kilovatio hora, frente a los 13,24 céntimos del mismo periodo de 2020, según datos de Facua-Consumidores, y si se frena, ha sido por la creciente indignación que tal medida ha provocado entre la población, y las incipientes movilizaciones organizadas contra la medida.

Pero claro, para que sus presidentes se lleven calentito el pastizal que cobran por su dedicación, José Ignacio Sánchez Galán de Iberdrola, 10 milloncicos de euros al año, 4 millones, Borja Prado, de Endesa, y por último, Isidre Fainé, de Energy, que sólo, pobrecito, cerca de dos millones. Aunque el total que se llevan estos y demás consejeros de las eléctricas son cifras mareantes, muy alejadas de la realidad salarial a la que nos enfrentamos las y los curritos de a pie.

Y esto lo pueden hacer porque quienes tendrían la obligación de impedirlo, políticos y empleados públicos, tienen su meta, al menos una buena parte de ellos, en terminar trabajando en ellas.

Y no es que se les page mal, por lo mal que lo hacen, que los miembros de gobiernos y parlamentos, disfrutan de sueldos no inferiores a 75.000 euros al año. Les debe parecer poco.

El sector de la energía es uno de los que más puertas giratorias acapara. Endesa no es más que un ejemplo: en su plantilla han trabajado al menos un presidente, cinco ministros y una larga lista de altos cargos públicos, desde secretarios de Estado hasta consejeros autonómicos. Al igual que Repsol, Enagás, Red Eléctrica y otras compañías energéticas. Roma no pagaba traidores, pero las electicas españolas, parece que sí, y muy bien además.

Cada vez que me encuentro con estas noticias relacionadas con las eléctricas, viene a mi cabeza lo sucedido con otra empresa también eléctrica.

La huelga de La Canadiense fue un movimiento de reivindicación laboral dirigido en 1919 por la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) que incluyó huelgas, boicots e insumisión civil. Iniciada en la empresa eléctrica Riegos y Fuerza del Ebro, perteneciente a Barcelona Traction, Light and Power Company, limited, más conocida como La Canadiense. ​ Comenzó el 5 de febrero de 1919 en Barcelona y a lo largo de los cuarenta y cuatro días que duró, paralizó la ciudad y el 70 % de toda la industria catalana, en una de las huelgas más importantes de la historia de España.

Constituyó un gran éxito del movimiento obrero español, y de la CNT en particular, pues se consiguieron mejoras salariales, la readmisión de los obreros despedidos y la liberación de los miles de detenidos durante el tiempo que duraron los paros, así como, y lo más importante para el conjunto de trabajadoras y trabajadores, la jornada laboral de ocho horas.

Hoy, una movilización de tal calibre, está muy lejos de pensarse, pero de tanto apretar y apretar, quien dice qué no se prenderá otra vez la mecha. Ojala.