Me siento seguro

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Enrique Hoz

Hace unos pocos días, el PP y el PSOE, por medio del Presidente del Gobierno y el líder de lo que llaman oposición, han firmado un pacto de Estado contra, en un principio, el denominado terrorismo yihadista.

Aprovechando una de las ventajas que me ofrece la tecnología, como buen internauta de pacotilla que soy, he buscado en las redes el texto, una Proposición de Ley Orgánica, y aprovechando que sé leer, lo he leído.

El texto arranca haciendo alusión a la resolución 2178 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el que se “recoge la honda preocupación de la comunidad internacional por el recrudecimiento de la actividad terrorista y por la intensificación del llamamiento a cometer atentados en todas las regiones del mundo”. Dichas acciones terroristas “constituyen el máximo exponente de las nuevas amenazas que el terrorismo internacional plantea a las sociedades abiertas y que pretenden poner en riesgo los pilares en los que se sustenta el Estado de Derecho y el marco de convivencia de las democracias del mundo entero”. En el tercer párrafo ya hace mención directa al “terrorismo internacional de corte yihadista” y concluye el párrafo con lo siguiente: “Estas nuevas amenazas deben, por tanto, ser combatidas con la herramienta más eficaz que los demócratas pueden emplear frente al fanatismo totalitario de los terroristas: la Ley”.

Me ha hecho gracia el término “comunidad internacional”. No me cabe duda de que pertenezco a una comunidad: la de vecinos en el inmueble en el que resido. Es una comunidad en la que participo con voz, voto y todo orientado a disponer de un techo digno bajo el que vivir. Me siento partícipe.

Sin embargo, al leer comunidad internacional me he quedado como estaba, ni fu ni fa, porque, la verdad, para qué nos vamos a engañar, no me he sentido integrado en algo cuyos límites desconozco.

Sí, sí, ya entiendo eso de que al estar el Gobierno del Estado Bananero Español participando en la Organización de Naciones Unidas, su representatividad queda proyectada en todos nosotros, luego por extensión, definición o cualquier otra acepción rimbombante que acabe en ón, yo pertenezco o estoy, simbólicamente, integrado en esa comunidad internacional. Hay que echarle mucha imaginación... pero mucha. Ya que los adalides del Sistema se empeñan en representarme cuando yo no lo quiero, aprovecho para añadir que tampoco es mi deseo pertenecer a una comunidad que ni me va ni me viene.

La Proposición de Ley Orgánica consta de diez páginas y el contenido que hasta ahora he transcrito se encuentra en la primera de ellas. No me hace falta más para, tras su lectura, sentirme como que me he despertado en medio de una trifulca entre quienes se autocalifican de buenos, entiéndase demócratas, y otorgan el papel de malos a los otros, entiéndase fanáticos totalitarios.

No hay buenos y malos, solo hay cafres, de diferente signo, capaces de las mayores barbaridades transfronterizas, que lo mismo les da pasar a cuchillo a una población que condenar a otra a la lenta agonía de la inanición. No hay buenos y malos, son descerebrados con proyectos engendrados en despachos, verdaderos zumbados que necesitan medicación.

Lo que llevas leyendo... ¿te parece una valoración generalista? Sinceramente, yo creo que lo es. Y también creo necesario hacerla para transmitir lo insignificante que me siento cuando me hablan de la comunidad internacional. Es un traje demasiado grande para mi día a día, de ahí que el término terrorismo internacional de corte yihadista lo sienta tan lejos. Repróchamelo, critícamelo, pero no puedo evitarlo. Mi sensación vital no se ve alterada ni amenazada por lo que me dicta la comunidad internacional.

En mi quehacer diario dispongo de un listado de lo que perturba mi vida, de lo que me causa contratiempo, y si alguien insiste en que el terrorismo yihadista debe formar parte de esa lista, sólo por contentarle diré que sí, que lo incluyo, pero en último lugar.

Y suelto toda esta chapa porque tras leer el pacto PP-PSOE me ha quedado un gusto agridulce, ese mosqueo característico que me induce a pensar que con la excusa del problema internacional, en realidad se persigue poner cerco a lo puede ser su problema nacional, es decir, su quebradero de cabeza más cercano y posible. Y todo bajo el manto de esa herramienta que se adapta a cualquier impulso represivo: su Ley.

Y no es para menos: “Se considerará delito de terrorismo la comisión de cualquier delito grave contra la vida o la integridad física, la libertad, la integridad moral, la libertad e indemnidad sexuales, el patrimonio, los recursos naturales o el medio ambiente, la salud pública, de riesgo catastrófico, incendio, contra la Corona, atentado, desórdenes públicos, tenencia, tráfico y depósito de armas, municiones y explosivos, previstos en el presente Código, y el apoderamiento de aeronaves, buques u otros medios de transporte colectivo o de mercancías, cuando se llevara a cabo con cualquiera de las siguientes finalidades: 1) Subvertir el orden constitucional, o suprimir o desestabilizar gravemente el funcionamiento de las instituciones políticas o de las estructuras económicas o sociales del Estado u obligar a los poderes públicos a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo. 2) Alterar gravemente la paz pública. 3) Desestabilizar gravemente el funcionamiento de una organización internacional. 4) Provocar un Estado de terror en la población o en una parte de ella”.

Se introducen conceptos tan amplios y vagos que extienden la definición de terrorismo más allá del fenómeno yihadista, convirtiendo actos que hasta ahora no tenían gran recorrido penal en acciones terroristas que serán castigadas con severidad. Así, en este saco del neoterrorismo, por Ley, lo mismo empapelan a un piquete de trabajadores que a un movimiento vecinal; a un grupo ecologista que a una quedada anti-desahucios; a un grupo de ciberactivistas que a un colectivo antiprivatización... suma y sigue.

Habrá quien defienda que al ser los delitos de terrorismo competencia de la Audiencia Nacional, será la judicatura la encargada de interpretar y delimitar una redacción tan abierta. Vale, correcto, pero para llegar a ese punto, previamente, a la persona o personas implicadas se les podrá investigar, intervenir comunicaciones, detener, incomunicar...

El terrorismo, si deja de existir o es inapreciable, debe ser reinventado, y qué fácil es hacerlo resurgir ampliando de forma difusa su definición.

“Tras su entrada en vigor en 1995, el articulado del Código Penal destinado a los delitos de terrorismo se reformó en el año 2000 para poder condenar como terrorismo las acciones de la kale borroka aunque sólo consistieran en ataques a bienes materiales, lo que en otro lugar no tendría mayor castigo que el de daños o desórdenes públicos. En 2003 y 2010 llegaron nuevas reformas, con las que se ampliaban las acciones consideradas como terrorismo y se ampliaban las condenas” (Ter García, 28/01/15, Periódico Diagonal).

Soy militante de la CNT, una organización con muchos años de trayectoria en pos de una sociedad libre... ¿Utopía? Sí, todo lo que quieras, pero un objetivo que ayuda a orientar los pasos. Y para encaminarse hacia esa Utopía hay que subvertir su Orden. Ese Orden se basa en el autoritarismo, en la corrupción, en la desigualdad, en la explotación, en la represión... El Orden por el que yo milito se basa en la libertad, en el apoyo mutuo, en la igualdad, en el federalismo... Como decía Isaac Puente: Por pensar así... ¿somos delincuentes?

Me han llamado terrorista muchas veces. Ahora, por Ley, debo de serlo. Ven y convénceme de que una de mis principales preocupaciones ha de ser el terrorismo yihadista.

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